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Historia de Puebla de la Calzada

Edad Media.-

Quedan sus más remotos orígenes envueltos en las sombras del tiempo, el desconocimiento y escasos vestigios del paso de los romanos por las inmediaciones. Pero con la conquista  del territorio por Alfonso IX de León en 1230 y la cesión del mismo a la Orden de Santiago, apareció a orillas del Guadiana, Aldea del Rubio, mencionada ya en un documento de Alfonso X de 1276, y en el privilegio que el Maestre Vasco Rodríguez de Cornago hace a Mérida en 1327 “…e en su término, también el Aldea del Rubio…”y a la que Bernabé Moreno de Vargas en el Capítulo VI del Libro V de su obra Historia de la Ciudad de Mérida, de 1633, cita como “… Aldea del Rubio (que es La Puebla)

Con cuyos vecinos, en los últimos años del siglo XIV el Maestre de Santiago D. Lorenzo Suarez de Figueroa, repoblará un nuevo asentamiento junto a la antigua Calzada Romana que uniera Mérida con Lisboa, y de cuya primitiva sociedad posiblemente también formaran parte los pobladores de parajes y lugares cercanos, que la tradición quiere creer identificar como Zarazo o Carazo, Fresno y otros de difícil localización.

Quedó integrada en la provincia de León de la Orden de Santiago, dependiendo en diferentes momentos de la historia de las Encomiendas de Lobón y de Mérida. Asimismo, perteneció a la jurisdicción eclesiástica del Priorato de San Marcos de León y Provisorato de Mérida, hasta 1873 cuando por medio de la bula Quo Gravius, el Papa Pio IX, disolvió la Orden y sus prioratos fueron integrados en diócesis.

De acuerdo con los Libros de Visitas de la Orden de Santiago, en 1494 Puebla de la Calzada tenía iglesia levantada “de la advocación de nuestra Señora” y entre sus bienes contaba con “una cruz de plata, un cáliz de plata y su patena, un vestimento de seda, viejo, otro de lienzo…” y también “un misal, un santoral, un salterio…

Edad Moderna.-

Por Real Provisión de 8 de mayo de 1580, Felipe II la separa de la Mesa Maestral de la Orden y la vende, tras concederle derecho de villazgo, “con sus vasallos, términos, jurisdicción, escribanías y demás de que hace mérito”, a Dª María Enríquez, marquesa viuda de D. Pedro Portocarrero, II Marqués de Villanueva del Fresno, que la integra en el Señorío de Montijo, fundado en 1550, y creado Condado, por Felipe III en 1.599.

Contó la villa con el Santo Hospital de Pobres, que en 1549 era “una casa baja que tiene una cocina y un pedazo con dos camas pequeñas”, del que se conservan tres libros de cuentas entre los años 1640 y 1831, pasando posteriormente su gestión a manos de la Beneficencia pública con el nombre de Hospital de la Caridad, hasta su desaparición en el último cuarto del siglo XIX.

Y llegó a tener tres ermitas, de Santiago, de Santo Toribio y de los Mártires. De la de Santiago, se menciona por última vez en 1705, debiendo desaparecer no mucho tiempo más tarde, a principios del siglo XVIII.

Situada a Poniente, sabemos que en 1509, “se faze agora”. En 1604 se la describe como “un cuerpo de piedra y tapias y botaretes de ladrillo tiene un portal delante de la puerta, que está al mediodía, de quatro arcos de ladrillo”. Tenía, sobre una grada de ladrillo, “un altar de lo mismo en que está un retablo de pincel con el señor Santiago armado en blanco con un pendón en la mano de la rienda”. Un censo de 1705, la menciona como ermita pobre y sin renta alguna.

La de Santo Toribio, a Levante, que en 1604 se la describe como “un cuerpo pequeño, las paredes de piedra y un altar en que esta una imagen del bienaventurado santo Toribio”. Si bien el censo de 1705 la menciona como ermita sin renta, en 1798 se la describe, aunque arruinada tras el terremoto de Lisboa de 1755, con un cercado de una fanega, sembrado de viñas y olivos. Que en 1801, junto con los restos de la ermita, fueron desamortizados por la enajenación aprobada por Real Cédula de 25 de Septiembre de 1798, de los bienes raíces de Hospitales, Hospicios, Casas de Misericordia, Cofradías, Obras Pías y Patronatos de Legos.

La de los Mártires, a Mediodía, en 1604 estaba “comenzada a hacer y sacados los cimientos”. El censo de 1705 la señala, como a las otras, sin renta pero en 1798, ya bajo advocación de la Virgen de Concepción, tiene a su espalda un cercado de viña y olivos “cuyo producto se invierte en su función el día ocho de diciembre con misa cantada, sermón, procesión y primeras y segundas vísperas”.  En la actualidad, y tras incontables reformas y varias modificaciones, es la única que se conserva, aunque bajo advocación de la Inmaculada Concepción.

Son los libros de visita de la Orden de Santiago los que facilitan alguna información sobre la vida y la historia de Puebla de la Calzada durante aquellos dos primeros siglos en noticias dispersas y escasas, debido a que en 1644, y durante la Guerra de Restauración portuguesa, que iniciada en 1640 va a durar hasta 1668, durante los días 22, 23 y 24 del mes de mayo, vísperas de la Batalla del Montijo, el ejército portugués acampado en las cercanías, la someterá al pillaje y la pasará a fuego destruyendo vidas, cuantiosos bienes materiales, borrando la memoria de su historia que reposaba en los también destruidos archivos eclesiásticos y seculares.

Se conserva parte de una carta de censo de “cincuenta ducados del hospital de esta villa” otorgada el 25 de julio de 1627, además del libro de cuentas del Santo Hospital de Pobres, que se iniciara en 1640 y en las cuentas relativas a 1644 detalla con fecha 12 de agosto que “no se le entregó ropa al nuevo mayordomo por haberlas llevado el enemigo cuando derrotó estas villas de la Puebla y del Montijo

Como villa de señorío, perteneciente al Condado de Montijo, buena parte de sus cargos públicos, que hasta 1845/46 fueron de renovación anual – dos Alcaldes Ordinarios, dos Regidores, dos Jurados, un Procurador Síndico, un Mayordomo de Propios, un Alcalde de la Hermandad, un Alcalde de la Cárcel  y al Escribano público y de Ayuntamiento – eran nombrados, en el mes de diciembre, a propuesta de la villa representada por la Corporación saliente, por el correspondiente Conde o Condesa titular de la Casa.

El Conde de Montijo percibía, como se recoge en el Catastro de Ensenada, “los derechos de Diezmos, Alcabalas, Portazgo, Pesas y Medidas, una casa y ciento y setenta fanegas de tierra”, además de “un regalo que le hace anualmente la villa de Cecina, (la carne de dos cerdos) incluso el porte quinientos reales”.

Edad Contemporánea.-

Puebla de la Calzada asiste a los vaivenes del siglo XIX, protagonista secundaria de cambios sociales, políticos, de absolutismos y pronunciamientos, liberales y no tanto, proclamaciones, destituciones, restauraciones, y principio, auge y quebranto del constitucionalismo.

El tejido urbano experimenta un importante desarrollo con nuevas calles que amplían la población, le dan mejor forma y aumentan la riqueza urbana, un sucesivo aumento en la edificación de casas de nueva traza y la ampliación y reforma de otras. Se reparan caminos, se adecentan las entradas a la villa,   se rotulan las calles, se numeran las casas, se dictan medidas sanitarias, se despierta el interés por la educación gratuita de todos, y va adecuando su propio desarrollo a un mejor y más intenso control de sus recursos, su generación y su distribución.

Durante el siglo XIX, secuela de una tradición que se remontaba a los siglo XVII y XVIII, ejerció una importante influencia social y económica, de  la presencia de una alta burguesía que acumulaba una buena parte no solo de la riqueza local sino también de la riqueza comarcal y hasta provincial, y que con el discurrir del tiempo se fue diluyendo y repartiendo por diferentes lugares de la geografía.

La Guerra de la Independencia tendrá una importante y fatal presencia, que terminará por arruinar sus recursos propios. Durante cinco largos años habrá de avituallar permanentemente a partidas y cuerpos de ejército. En mayo de1808, se ha de entregar “todo el trigo que exista en ese Pósito” para las necesidades de la guerra; si el 4 de junio, el Marqués de Monsalud, jefe del ejército de Extremadura, ordena “disponga que vengan a esta plaza todos cuantos hombres y caballos sean posible”, el 16 de junio ya se ha procedido al alistamiento de hombres y requisa de caballos, y el 26 de agosto se han de proveer a las tropas británicas “tres mil raciones de pan de libra y media, mil raciones de vino de un cuartillo, y mil raciones de cebada de diez libras”.

Será el principio de una obligación impuesta durante cinco años, que va a gravar sus mermadas riquezas para esquilmarlas hasta casi la ruina completa. El inicio de toda una prolongada sucesión de entregas de víveres y enseres– Pan, Carne, Tocino, Aceite, Cebada, Trigo, Avena, Habas, Paja, Leña, Forraje, Cabezas de Ganado, Centeno, Vinagre, Vino, Mulas, Caballos, Carros, Alojamiento y Dinero. En 1809 es ocupada por los franceses que expolian y saquean sus campos, reprimiendo a los vecinos, “amenazados con la muerte y desolación a cada momento”.

El costo de aquel saqueo y de cuanto hubo que abastecer a los franceses hasta 1811, en víveres, animales, utensilios y dinero, se cifra en alrededor de 300.000 Reales de Vellón, una cifra importante para la época, pero apenas una pequeña parte del coste de todo cuanto hubo de aprovisionar al resto de los cuerpos de ejércitos participantes en el conflicto y que fueron pasando o acampando, tanto en la localidad como en las cercanías, hasta 1813 y que supera con largueza, en abastos, animales, utensilios y dinero, el Millón de Reales de Vellón, un grave y sustancial perjuicio para la renta de un pueblo de 1.800 habitantes, que nunca sería resarcido del todo.

Tras la restauración de la Constitución de 1812 con el triunfo del Pronunciamiento de Riego en 1820, que dio inicio al Trienio Liberal, se constituirá el primer Ayuntamiento Constitucional. Con el restablecimiento del absolutismo por Fernando VII tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, que terminaron con la oposición del ejército liberal, se suspende el constitucionalismo y en noviembre de 1823 se ordena que “inmediatamente repongan en sus destinos a los concejales que estaban antes del 7 de marzo de 1820…” Comenzaba la llamada Década Ominosa.

En 1842, serán escolarizados los primeros niños de entre 6 y 11 años y será en abril de aquel año cuando, por acuerdo del Ayuntamiento tras el estudio de las solicitudes cursadas, se provea la primera plaza de maestro para la recién creada Escuela Pública de niños. Será en 1857 cuando se constituya un fondo municipal de 2.000 reales para la creación de su primera escuela pública de niñas, que será proveída de su primera maestra en junio de aquel mismo año.

A pesar de las medidas que se instrumentaron ya en 1854 para prevenir el contagio, Puebla de la Calzada sufrió las consecuencias de la epidemia de Cólera Morbo de 1855, como se recoge en sesión del Ayuntamiento de 24 de junio de aquel año, “la enfermedad ha invadido a esta villa”, y se insiste el 26 de julio, “la invasión del cólera morbo que por desgracia se ha sufrido”.

En 1856, se establece para los días 27, 28, 29 y 30 de agosto, una feria para toda clase de ganados, que se ha de celebrar al sitio del Embarcadero en las dos márgenes del río Guadiana, de la que se dejan de tener noticias en agosto de 1857. Será ya en los inicios del siglo XIX, cuando se celebre la Fiesta del Árbol, extendida por casi todo el territorio nacional, y será a partir de 1921/1922, cuando comience a celebrarse, el 29 de junio, la fiesta de San Pedro.

Una fiesta que ya en 1931 se celebrará durante los días 28, 29 y 30 de junio y que sigue celebrándose en la actualidad como su principal fiesta de verano.

En octubre de 1868, tras la revolución de septiembre, la Gloriosa, que derrocó a Isabel II dando lugar al primer intento de crear un nuevo sistema de gobiernos, se oyeron en Puebla de la Calzada “vivas a la libertad” y se estableció una Junta de Gobierno Provisional, cuya primera disposición, fue ordenar la venta de tabacos un 50% más barato y la sal, un 65%.

El 13 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo de Saboya el día 11, se conoce la nueva forma de Gobierno y el Ayuntamiento acuerda “se proclame la Republica enarbolando la bandera tricolor republicana en estas Casas Consistoriales al repique de campanas” y expresa su más sincera, leal y decidida cooperación.

El 16 de octubre de 1887 se aprueba en sesión de Ayuntamiento el alumbrado público con la colocación de 52 farolas “de aceite petrolero” que el Ayuntamiento se compromete a colocar “de su cuenta y riesgo” y suministrar al arrendatario del servicio, “dos escaleras, dos chuzos, dos lanzones con medidas para aceite y dos faroles para serenos”.

En 1896, y de la mano de D. Jorge Diez-Madroñero, VI Marqués de la Vega, comienza a funcionar en Puebla de la Calzada la recientemente creada fábrica de harinas, dotada “con arreglo a los últimos adelantos y es sin duda la última palabra en molinería”(cilindros movidos a vapor) que causaron admiración, y que va a ser un referente para el sector hasta más allá de los límites provinciales y regionales por la modernidad de sus instalaciones así como por el volumen de su producción y de sus ventas, llegando a representar un importante papel en el abastecimiento de pan en las sucesivas huelgas obreras que van a producirse en estos finales del siglo XIX y durante, especialmente, el primer cuarto del siglo XX. En diciembre de 1955 un voraz incendio terminó por devastarla haciéndose necesario la reconstrucción casi total de la misma, inaugurándose el nuevo edificio en febrero de 1958.

El Siglo XX.-

El siglo XX, trae a Puebla de la Calzada los vientos del progreso y la industria. En 1904, y de la mano de D. Jorge Diez-Madroñero y López de Ayala, VI Marques de la Vega, la luz eléctrica va a iluminar sus calles con la instalación de “62 lámparas de diez bugías de intensidad lumínica cada una”. Y llega, también pronto, el motor de cuatro tiempos con un parque, en 1924, de 17automóviles censados, que en 1927 alcanza el número de 29.

Y también las sacudidas del despertar de las diferentes corrientes políticas, el movimiento obrero y el asociacionismo, que encuentran una importante acogida en la clase social y trabajadora locales de la época. La movilización de la clase trabajadora tiene en Puebla de la Calzada una especial significación y representación con una importante presencia de las asociaciones sindicales (el Sindicato Agrícola fue constituido el 26 de octubre de 1917), sociedades obreras y agrupaciones civiles (la más antigua constituida el 6 de enero de 1902) de las que alguna se convertiría en sociedad obrera o sindicato de labradores, registrándose la presencia de dos mujeres entre los socios de unos de esos sindicatos.

Despierta en el primer tercio del siglo XX una incipiente industria en el mundo del comercio y de la prestación de servicios, como fue la puesta en funcionamiento de una fábrica de tejas en 1909, la instalación de una prensa hidráulica por electricidad para extracción de aceite de oliva en 1921 y una fábrica de comercialización de hasta 300.000 litros de vino.

Existe en 1928 un servicio de transporte de viajes “con vehículo de tracción mecánica” de un total de 12 asientos cuyo precio es de 1 peseta hasta la cercana estación de ferrocarril de Montijo, además de tener establecido un servicio de transporte de mercancía, en este caso con “tracción de sangre”.

En las elecciones del 12 de abril de 1931, y por aplicación del artículo 29 de la Ley electoral de 1907 que regulaba aquellas elecciones, la victoria correspondió a la candidatura monárquica al haber sido proclamados candidatos todos los concejales del Ayuntamiento existente hasta ese día. La aplicación de dicho artículo había “viciado” el resultado de muchas localidades en donde prácticamente la votación no había sido necesaria, o había resultado inútil, porque el artículo decía que “en los distritos donde no resultaren proclamados candidatos en mayor número de los llamados a ser elegidos, la proclamación de candidatos equivale a su elección y les releva de la necesidad de someterse a ella”.

Convocadas por ello nuevas elecciones municipales para el día 31 de mayo en aquellas poblaciones donde se dieron estas circunstancias, y tras derogar el Gobierno el artículo 29, el 5 de junio toma posesión el primer ayuntamiento legal de la II República con una mayoría de concejales pertenecientes a la Agrupación Socialista y en el que tendrá presencia un concejal de tendencia monárquica.

Con intención de hacer realidad la ley de Reforma Agraria, el Ayuntamiento organizó el reparto de 1.555 fanegas de tierra entre los obreros del campo, y que solo quedó en intención al producirse el levantamiento militar de 18 de julio de 1936. El 13 de agosto, se constituye la Comisión Gestora que ha va a gestionar el Ayuntamiento en aquellos primeros tiempos de guerra hasta finales de 1937.

Luego llegará un tiempo de carencia para casi todos, de cartillas de racionamiento, cartillas maquileras y suministro de alimentos controlado por el servicio de Abastecimiento y Transportes, la falta de trigo y la consiguiente falta de harina y de pan.

En 1944 comienzan las negociaciones entre diferentes instituciones y particulares para el establecimiento de la Institución Salesiana en Puebla de la Calzada, y que han de extenderse hasta que conseguida la cesión de los terrenos necesarios, públicos y privados, en julio de 1951 comienzan las obras de construcción del colegio e internado. La presencia salesiana será un hito importante entre los acontecimientos de aquella mitad del siglo XX para la sociedad poblanchina y de toda la comarca y provincias limítrofes en general, por la significativa oportunidad de escolarización y educación para los hijos de  muchas familias sin recursos y por las innovaciones en materia social que aportó durante los cincuenta años en que se mantuvo su actividad.

El Plan de Transformación y Colonización, el Plan Badajoz, y sus proyectadas reformas para el campo de la provincia y reformas en el proceso de fabricación, transformación y comercialización de  productos mejorando el sistema de electrificación y riego, va a cambiar el horizonte del campo de Puebla de la Calzada. Un término delimitado por el río Guadiana al Sur, el de Badajoz al Oeste, y el de Montijo al Norte y Este, de apenas 1.448,4 Has., en el que siempre se había sembrado, por su condiciendo de tierras de secano, trigo, cebada o avena, y en el que a partir de la transformación en tierras de regadío a través de la red de acequias y desagües que cruzan el territorio, hace necesario el cambio de cultivo a productos como maíz, girasol, tomate, pimiento y productos hortofrutícolas.

Lo que supone un importante salto cualitativo y cuantitativo para la riqueza de la población que conoce un elevado nivel de empleo y contratación de mano de obra. Con el auge de la producción y hasta aproximadamente la crisis de los años ‘90, va a experimentar un trascendental avance en el campo de la comercialización, intermediación, transporte, financiación, asesoría y prestación de servicios alrededor de la actividad que desarrollan las empresas comercializadoras y transformadoras de los productos, que se instalan en la localidad y los alrededores y que aportarán un notable y cuantioso valor añadido al crecimiento, el avance y el desarrollo natural y obligado de la villa.

Con aquella base de recursos generadores de riqueza, Puebla de la Calzada se fue adaptando paulatinamente a las necesidades de progreso que fueron necesarias, para alcanzar un importante nivel de desarrollo, experimentando un significativo aumento de su tejido empresarial en sectores como la construcción, saneamiento, energía eléctrica o gestión; crecimiento de sus instalaciones, mejora de sus infraestructuras y calidad de vida, ampliación del sector comercio, al por mayor y por menor, hostelería, actividades financieras y de seguros, inmobiliarias, administración y servicios auxiliares.

Situada en la Vega Baja del Guadiana, de quien ha recibido históricamente rigores y mercedes, en pleno siglo XXI, sigue siendo la agricultura la base de su pirámide económica, bien complementada con un arraigado sector industrial en la manufactura, transformación y comercialización de productos agrícolas de regadío y hortofrutícolas, sujeto desde siempre a los vaivenes sociales, económicos y meteorológicos, y un amplio tejido empresarial que coadyuva de forma relevante al sostenimiento de su economía, por encima de las dificultades de los tiempos.

Sobremanera desde mediado el siglo XX, la Cultura encuentra en Puebla de la Calzada, un templo en donde las musas se manifiestan en todas y cada una de sus manifestaciones, habiéndose convertido a lo largo de los años, con el tesón y el empeño de sus instituciones, en un esplendente foco cultural que la convierte en faro guía de las apuestas culturales de más allá de los lindes de la comarca, a imitar por las inquietudes culturales de los alrededores.

Porque si con su longevo pasado y sus desencuentros con el desarrollo, puede presumir de historia, hoy por hoy Puebla de la Calzada, además, puede alardear de señorío porque si la Cultura hace persona a un ser humano, cierto es también, que la Cultura es el camino que hace noble a los pueblos.

Juan Monzú

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